Este es un artículo sacado de la revista Todo Perros muy interesante a mi manera de ver. Resume la aparición divulgación de dichos perros, leanlo les aseguro muy instructivo.
PERROS DE GUERRA Y PERROS DE PELEA:
El uso de los perros para la caza es, tal vez, la utilidad primera que el hombre encontró para el llamado como su “mejor amigo”. La domesticación del lobo permitió a los hombres contar con un aliado que empleaba armas similares a las de sus oponentes más fieros, facilitando así la labor de aprovisionarse de carne y pieles y también la de defenderse de los ataques de predadores que acechaban sus casa y granjas.
Cuando la historia y vida se van volviendo algo más fáciles y ya no es tan importante salir a cazar para poder comer porque se dispone de animales de granja y de ganado, los hombres empiezan a echar en falta algunas de aquellas emociones tan intensas de las peligrosas jornadas de caza. Así surgen algunos rituales dedicados a los dioses protectores y se tienen evidencias del uso de perros para acosar, derribar y matar toros y bueyes en restos arqueológicos de unos 6000 años antes de Cristo.
La mayoría de las razas de guarda y defensa, todos los perros tipo moloso, provienen de los antiguos perros procedentes de Asia, llegados a Europa acompañando expediciones comerciales, campañas de invasión o en el viaje de vuelta de personajes legendarios como el propio Alejandro.
En distintos museos de todo el mundo se pueden contemplar hermosas y conmovedoras escenas de caza y de combate en las que se empleaban perros de apariencia braquicefálica a los que es muy fácil encontrar similitud con razas actuales.
Asirios, Sumerios, Persas y otros pueblos de procedencia indoeuropea se hicieron acompañar desde tiempos inmemoriales por este tipo de perros, valerosos, indomables y predispuestos siempre para la lucha.
Ciro el Grande, rey de Persia, eximió de pagar impuestos a cuatro ciudades próximas a Babilonia a cambio de que se dedicasen a la selección y crianza de perros para la guerra. Los Reyes y los generales se hacían acompañar de dichos perros en el combate y los empleaban con crueldad contra sus prisioneros y contra sus caballos.
Cuando estos pueblos llegan a Europa en diferentes oleadas, se hacen acompañar de sus perros de combate, más ligeros, fuertes, con cabezas y mandíbulas grandes y poderosas, también de sus Mastines, enormes, feroces defensores y guardianes el campamento y del ganado. Estos perros se van quedando en el camino, con los pueblos invadidos o junto a aquellos que deciden asentarse en las tierras recién conquistadas.
La mayor parte de los perros molosos entraron en nuestro continente por la actual Albania y por Macedonia. Los Griegos supieron también encontrar utilidad a estos animales, en parte gracias a la labor que Alejandro Magno hizo al acompañarse de algunos ejemplares a la vuelta de la India.
Algunos llamados bárbaros Europeos, como los Celtas y los Galos, destacan por su habilidad en la cría y el manejo de los perros de combate, al punto de convertirse en un serio escollo para los avances de las Legiones de Roma.
Los romanos supieron construir un Imperio a fuerza de tomar como propios los conocimientos, técnicas y avances de los pueblos que conquistaban. Con los perros sucedió algo parecido y pronto se hizo habitual la presencia de perros de distinto tipo, especializados en funciones determinadas, acompañando a diferentes cuerpos militares.
Está documentada la valiosa intervención de los perros en las campañas de Germania, Dacia y Vindosia, entre otras muchas. Con posterioridad el auge de los deportes de arena sacaría a la luz las posibilidades del uso de los perros en diferentes enfrentamientos sangrientos.
También los fenicios se hacían acompañar de feroces molosos en sus barcos, para protegerse del ataque de piratas o de la incursión de ladrones cuando estaban en puerto. Los Fenicios tomaron Canarias como uno de sus puntos comerciales principales desde donde distribuían sus mercancías a distintos lugares de África y del Mediterraneo. La adaptación de sus perros a las islas fue tan grande que se les llegó a a conocer como las Islas de los Perros y los vestigios de aquellos molosos quedaron para siempre, dando lugar a la aparición de razas autóctonas.
Los perros de guerra eran tratados con mimo y se les dedicaban las mismas atenciones que a los mejores soldados. Se protegían sus cuerpos con corazas, petos y collares de clavos para evitar que fuesen vulnerables a las armas de sus enemigos. El mejor regalo que un Rey podía recibir eran los perros de guerra de su oponente vencido y de igual modo que era habitual sacrificar a los caballos de los derrotados, los perros nunca recibían tal suerte pues se les consideraba como un arma de incalculable valor.
Last edited by Guimaran; 8th May 2010 at 20:05.