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La expresión en el Perro de Presa Canario |
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escrito por Clemente Reyes Santana
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jueves, 31 de enero de 2008 |
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Cualquier raza de perros se identifica y diferencia por una serie de
rasgos geno y fenotípicos que la hacen distinta del conjunto
de las variedades caninas. Entre estos aspectos diferenciadores
resalta, mayormente, uno cuya importancia racial es total y
determinante: la cabeza.
Sin menospreciar en nada la importancia que aporta al perro contar con
una buena estructura, una buena osamenta, un adecuado desarrollo
muscular, un movimiento típico, un temperamento firme y
equilibrado, o una buena armonía entre sus proporciones,
desde el punto de vista racial es imprescindible que la cabeza del
ejemplar defina, con su simple visión, al resto del animal.
Esta apreciación que podría parecer parcial, no
lo es en tanto en cuanto observamos cualquier ejemplar de razas
más consolidadas y luego a muchos de nuestros actuales
perros de presa, cuyo dimorfismo entre sí es mas que
notorio. Si bien originariamente la finalidad de esta casta fue la
lucha entre congéneres, hoy hemos de reconocer que la
utilidad del perro de presa canario es muy diferente y que las actuales
estirpes caninas precisan de un alto grado de definición y
selección para abrirse hueco en la cinofilia mundial o,
cuando mínimo, para poder obtener el calificativo de "raza".
Por ello y la vez que admitimos que se trata de una
agrupación canina relativamente joven, al menos en cuanto a
su evolución moderno, es evidente que hay que definir de
forma efectiva y duradera la correcta cabeza de nuestros presas y la
adecuada expresión como determinante racial. Este concepto,
en cierto modo abstracto y pésimamente definido por los
especialistas (ni siquiera en el patrón racial se menciona),
confunde a los aficionados y en muchas ocasiones es utilizado con
cierta irresponsabilidad para justificar dudosos veredictos, lo que
desvela no solo un brutal desconocimiento de la raza, sino de esta
particular seña de identidad en sí.
La preocupación de los criadores recientes ha ido encaminada
a reproducir ciertas características morfológicas
que, si bien son importantes, no lo son menos la expresividad y el
adecuado talante de nuestros presas, cuya importancia se ha relegado
inconscientemente a un segundo plano y que, en realidad, debieron
desarrollarse conjuntamente.

Cierto es que cada
día se encuentran ejemplares de mejor estructura y
presencia, con buen aspecto general y, en ciertas ocasiones, con un
correcto temperamento. Pero también es verdad que la
expresión de los mismos es cada día
más distante de lo que fue en el pasado. La
incorporación de razas molosoides de presa y del tipo
terrier bull, a la escasa población de presas canarios que
aún pervivían en la década de los
setenta, ha producido, lógicamente, la pérdida de
ciertos rasgos propios antaño muy marcados. A ello
habría que añadir un notable desconocimiento por
parte de los criadores sobre lo que habían sido los presas
antiguos y sobre lo que debería ser el presa actual.
Evidenciado por el olvido de las tradicionales peleas de perros y, con
ellas, la memoria histórica de los antiguos presas. Otro
aspecto determinante lo constituye el rápido auge vivido por
esta raza. Su indudable atractivo cautivó a muchos
aficionados, no solo isleños sino también
foráneos y la considerable demanda despertada
disparó el número de cruces indeseables con
diversas razas que poco tenían que ver con el tipo
originario y que produjo el boom de los ochenta. Todas estas
eventualidades combinadas entre sí motivaron poco a poco y
en mayor o menor medida la progresiva pérdida de ese rasgo
identificativo al que hago referencia y que en el argot canino se
conoce como expresión.
No es que los "perreros" de antaño se esforzasen por
conservar esta singularidad racial (bien al contrario sólo
se buscaban perros eficaces desde el punto de vista del combate), sino
que en aquella época la población canaria de
presas estaba mucho más acotada genéticamente y
por lo tanto era muchísimo más coincidente en
virtud de un fuerte aislamiento que la definió y
uniformó sin esfuerzo.
Pero conocida esta realidad sólo cabe tomar en
consideración las medidas necesarias para corregir tal
situación antes de que sea demasiado tarde y resulte
más difícil aún conseguir
reproductores con un ademán típico y transmisible
a las camadas sucesivas. Habría que definir pues, como debe
ser la apariencia típica de la cabeza del presa canario y
qué aspectos debemos considerar prioritarios a la hora de la
cría con uno ú otro reproductor.

El patrón
racial del perro de presa canario elaborado y consensuado en 1989 entre
las asociaciones recuperadoras de Gran Canaria y Tenerife y algunos
criadores independientes, fue tomado como modelo válido a
seguir en la cría y recuperación del actual perro
de presa canario, contando con las bendiciones de la Real Sociedad
Central para el Fomento de las Razas Caninas en España y,
puesto que su validez y utilidad es cada día más
constatable, a él nos referiremos como reseña
obligatoria en sucesivas ocasiones y nos servirá para
determinar este confuso aspecto de la morfología del presa.
En él se define la cabeza como de tendencia cuboide, esto es
de aspecto más bien cuadrado, a ello contribuye su ancho
cráneo, de frente básicamente plana y un gran
desarrollo de los músculos temporales y maseteros. La
importancia de los músculos masticadores tiene mucho que ver
con el volumen y el relleno de la cabeza, dando una
impresión sólida y compacta. Viendo al perro
lateralmente y si prolongásemos una línea a lo
largo de la parte superior de la frente y otra sobre el borde superior
del hocico, obtendríamos dos líneas paralelas.
Por tanto cráneo y cara deben ser paralelos y no
divergentes, en todo caso podría admitirse una ligera
convergencia entre estos dos trazos, pero nunca la tendencia inversa
que ofrecería el perfil de un Bullterrier. La importancia de
los potentes maxilares con ancha implantación en el
cráneo dá idea de la funcionalidad
básica de la raza: la sujeción con sus fauces de
la presa. La proporción correcta entre la longitud del
cráneo y la de la cara ú hocico, debe ser de 3 a
2 (3 de largo del cráneo por 2 de largo de la cara -o de un
60% por un 40% -si se prefiere). La distancia medida desde el hueso
occipital hasta el extremo de la trufa debe oscilar alrededor de los 25
cm y el perímetro craneal en los machos debe rondar los 60
cm Rebasar estas proporciones en uno u otro sentido
alteraría también la imagen o apariencia
típica de esta raza. Hay que tener en cuenta que el hocico
no debe suponer un estrechamiento brusco del grosor del
cráneo, sino que se aminora paulatinamente hacia la trufa,
con una ancha base de implantación reduciéndose
al avanzar hacia el extremo de la cara.
Otro aspecto importante dentro de la conformación de la
cabeza del presa es el Stop, o salto que se produce desde el
cráneo hasta la cara. El Stop del perro de presa canario es
muy suave, casi inexistente puesto que desde la frente a la
caña nasal apenas hay desnivel, o al menos esto es lo
deseable. Esta particularidad lo hace, a mi modo de ver, diferente de
la mayoría de los molosos de presa, puesto que todos ellos
presentan fuertes depresiones craneofaciales, caso del Bulldog, del
Bóxer, del Bullmasstiff, del Dogo de Burdeos, del Mastiff,
del Mastino Napoletano, etc. Además el presa canario se
caracteriza por mostrar un marcado surco frontal entre senos, que va
dividiendo longitudinalmente en dos la cabeza, desde la mitad
aproximada del cráneo hasta el término del Stop y
le concede a su expresión un aspecto ceñudo y
severo. Los arcos cigomáticos también se
presentan muy desarrollados, así como la región
ósea suborbital que es pronunciada y ofrece duros perfiles a
la cabeza del perro.
Las orejas que tienen una implantación craneal alta, dan
impresión de atención y elegancia cuando el perro
se encuentra en acción. Estas deben ser medianas, si bien es
preferible que sean más bien pequeñas, colgantes
con uno (chapadas) o dos pliegues (en forma de rosa). Es tradicional el
corte de las mismas tal y como se efectuaba a los ejemplares de pelea
en el pasado. No obstante hay que decir que debe darse la adecuada
importancia al animal que las presente completas, dado que
podrán apreciarse al natural, sin alteraciones
intencionadas. El arranque de las mismas es alto y debe partir de la
línea horizontal imaginaria a la altura del ojo, hacia el
centro del cráneo. Una inserción incorrecta
difumina el rústico y elegante aspecto que produce su
despliegue en atención.
Pese a ostentar piel suelta en el cuello, garganta y algunas partes de
la cara, no debe mostrarlas en la frente, salvo en dos zonas concretas.
En la parte superior del cráneo, justo entre la base de las
orejas (únicamente cuando se encuentra atento) y en la parte
superior de las órbitas, donde se forman dos
pequeños pliegues que ofrecen un aspecto severo a la mirada.
La abundancia de arrugas en la parte superior del cráneo dan
clara impresión de hibridaje con molosos centroeuropeos y
altera la correcta expresividad de la cabeza.
Los ojos son de suma trascendencia en la entonación de la
cabeza, puesto que aportan la mayor parte de lo que entendemos como
expresión racial. Los ojos han de ser oscuros -cuanto
más mejor -grandes, redondeados o en forma de nuez y bien
separados entre sí. Los párpados deben ser
bastante adherentes al ojo y no mostrar la conjuntiva, ni ser rasgados
o colgantes. Debe huirse de ejemplares con ojos claros, achinados, de
diferente tonalidad, muy unidos o de mirada perdida, temerosa o
fuertemente desconfiada, casos éstos totalmente
atípicos en esta raza. Su mirada es seria, penetrante y
severa, al tiempo que noble, franca y confiada. Es esta una de las
características más apreciadas en el gesto
típico de esta variedad, dándole una apariencia
humana por su particular modo de observación.
Los labios superiores, que son medianamente gruesos y cuelgan
ligeramente hasta cubrir los inferiores, no deben ser desmesuradamente
largos ni descendidos. Un exceso en los mismos le produciría
automordidas indeseadas, aparte de convertirse en un inconveniente en
la lucha al ofrecer un blanco perfecto para el oponente, motivo por el
cual en la antigüedad se seleccionaban con muy poco belfo.
Únicamente deben pender un poco a la altura de la comisura
labial, donde por la necesidad de respiración accesoria, el
presa canario presenta una abertura que le permite respirar por la boca
mientras mantiene las mandíbulas cerradas y la presa sujeta.
El labio inferior debe ser bastante adherente al maxilar, salvo en la
citada comisura labial, donde es más desprendido y sus
mucosas deben ser oscuras. Además debe permitir ver los
dientes con claridad, cuando permanece con la boca abierta, lo
contrario es una seña evidente de mestizaje con otras razas
de mayor volumen de belfos, léase Bullmastiff, Mastino
Napoletano, Mastiff, Bulldog, etc.
La trufa es ancha y de orificios muy abiertos que le permiten una buena
respiración en actividad, plana en su parte superior y
formando una punta ligeramente roma en su extremo delantero. siempre
debe ser negra. La máscara o pigmento de la cara debe ser
negra también y cubrir al menos, la mayor parte del hocico,
no basta con que la nariz y la parte frontal de los labios lo sean, es
preciso que cubra ampliamente la mayor superficie facial posible.
La boca es un aspecto vital, puesto que con esa herramienta desarrolla
su función de presa. Decíamos que los maxilares
son anchos y la implantación de las piezas dentales
también, ofreciendo una gran base de sujeción,
con caninos muy desarrollados y fuertes y una dentición
completa y sellada. La mordida típica del presa canario, o
la forma en que engranan sus dos mandíbulas, es la conocida
como pinza, esto es que el borde inferior de los incisivos superiores
descansa sobre el borde superior de los inferiores con exactitud, si
bien se admiten otros tipos de mordida como lo son la tijera, donde los
incisivos inferiores quedan tras los superiores y la tijera invertida,
que es el caso contrario. O sea, que los incisivos inferiores
sobresalen levemente de los superiores. Si bien estos dos
últimos tipos se permiten cuando la separación
entre ambas líneas de incisivos es mínima, pues
de lo contrario se produciría un prognatismo excesivo (en el
primero de los casos) o enognatismo (en el segundo). Ni que decir tiene
que una incorrecta mordida se aprecia a simple vista puesto que las dos
mandíbulas no encajan correctamente y, por tanto el aspecto
externo de la cabeza se modifica notablemente en uno ú otro
sentido por la prominencia maxilar.
El conjunto de todos estos aspectos conforma la expresión
racial típica del perro de presa canario. Una cabeza carente
de alguno de ellos alejará al ejemplar del tipo adecuado,
mientras que la confluencia de los mismos otorgará al perro
una impresión imponente, severa, firme ya la vez noble que
destila un buen presa canario poseyendo buena armonía entre
sus proporciones craneofaciales. Lograr animales con este
ademán no es sencillo, máxime dada la amalgama
genética que reina en el archipiélago. No
obstante es un objetivo a cumplir, puesto que la carta de
presentación de la raza es en gran medida la apariencia de
su cabeza, que es el aspecto que irradia a primera impresión
el perro y que marca la diferencia con el resto de las razas molosoides
de presa. De ello deben tomar buena nota los criadores preocupados por
la recuperación de esta cepa de perros, en cuya
responsabilidad descansa el futuro de esta raza canina canaria.
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