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Gracias a: Antonio Griñan Santana

Desde
los tiempos más remotos, las Islas Canarias han estado
íntimamente relacionadas con los perros que la habitaron
hasta el punto de deberle su nombre y una parte de su historia. Sin
embargo, a la hora de componer y recopilar datos sobre estos animales,
son numerosos los problemas con que se encuentra el investigador y
vagas o confusas las referencias que se obtienen.
Concretamente, al centrarnos en el perro de presa, las
teorías sobre su origen se basan, principalmente, en las
conjeturas y en unos pocos datos que, muy limitados, se pueden extraer
de nuestra historia escrita y de los pocos restos
arqueológicos que se conservan.
Sobre los perros prehispánicos poco se sabe. Ahí
están, por ejemplo, las anotaciones de Plinio en las
Memorias del Rey Juba: "... a corta distancia se veía la
isla de Canaria, llamada así por la multitud de perros de
extraña grandeza, de los cuales se llevaron dos a Juba".
Bontier y Le Yerrier hablan de perros no tan grandes: "... que
había en la isla ciertos perros salvajes parecidos a los
lobos aunque más pequeños ...” y de esa
época Tomás Nichols menciona al perro como
sustento del nativo: "La comida de los canarios era leche de cabras y
carne de perros castrados".
Pero es en los Acuerdos y Ordenanzas del Cabildo de Tenerife y de
Fuerteventura (lamentablemente los de Gran Canaria se destruyeron)
donde se mencionan perros de combate y se cita al perro de presa como
tal. En 1511 se extrae de dichas ordenanzas: "... y que los porqueros
no tengan más que un perro con su sálamo... y que
queden doce perros castizos para matar perros salvajes". Evidentemente
estos doce perros no podían ser otra cosa que perros de
pelea, que por su combatividad fuesen capaces de dar muerte a sus
congéneres. Estos canes eran usados por los carniceros de la
época, para sujetar a las reses en el sacrificio, costumbre
que se realizaba tanto en la península como en Canarias, y
así se recoge que cuando se ordenó acabar con los
perros asilvestrados por dañar los ganados, se hiciese la
salvedad siguiente: "... pero que de esta ordenanza no se entienda
contra los carniceros que tuviesen por oficio de tajar y pesar carne,
que cada uno de ellos tenga dos perros para el servicio de las
carnecerías, teniéndolos atados de noche y de
día y sólo los desaten para prender las reses".
Tal vez Pedro de Lugo importase, de su viaje a España,
perros de presa de los que se criaban en la península en esa
época (presa de Burgos, alanos, perros de
montería, etc.) tal como reza una ordenanza del Cabildo
tinerfeño en 1516: "Otrosí porque hay en esta
isla dos perros que matan los perros salvajes, porque queden perros
para matar los salvajes, se permite que estos dos perros queden, por
ser amaestrados, como se ha visto por experiencia en Adexe y Abona,
donde los tiene Pedro de Lugo, regidor". Las duras medidas a que se
sometieron los perros, en evitación de su asilvestrado, se
manifiestan en el nombramiento de encargados para su sacrificio, "... y
se comete a Castellano y Gallinato para que señalen los
perros que les pareciere, para matar perros salvajes". "Acordaron que
todo vecino que tuviese perro de presa suelto y sin cadena, le pueda
matar cualquier persona sin ser castigado", "Por los daños
que hacen en los ganados mansos y cerreros, mandan que todos los
vecinos maten los perros de ganado, quedándose solo con un
perro o perra de caza y si fuese de presa, sea con licencia del
Gobernador”.

Todo
apunta a un perro primitivo y aborigen que no debió ser muy
grande ni pesado, ya un perro de presa que posiblemente fuese
introducido por los colonos castellanos a su llegada a las islas. Hay
que tener en cuenta que en esa época se encontraban en
España varias razas de presas que se utilizaban en
montería y para “aperrear" las reses en las plazas
taurinas, que se emplearon eficazmente en la conquista de
América. Los navíos castellanos habían
de hacer escala en el archipiélago durante sus viajes al
continente americano, siendo lógico que quedaran perros de
los que se usaban con fines militares, en los puertos canarios.
Esto lo confirma Víctor Grau Bassas en 1885: "Desde antes de
la conquista se conocen los perros en Canarias, pues los conquistadores
hallaron muchos perros cuando arribaron a estas islas, y
después de esto han introducido muchísimas
variedades que cruzadas entre sí han dado lugar a los perros
actuales".
También P.E. Zeuner, en 1958, tras realizar uno de los pocos
estudios científicos al respecto, sobre varios
cráneos caninos recogidos en Guayadeque, dedujo que: "era en
primer lugar, un perro primitivo que recuerda al Dingo de Australia,
también existía otro tipo de perro, del mismo
tamaño que el anterior pero con la región facial
de la cabeza más ancha", y más adelante anota:
"Cuando llegaron los españoles, sus perros fueron cruzados
con los perros salvajes que se mantenían en las islas. Es
posible que la raza salvaje sea una que todavía existe, un
perro de tamaño medio con orejas caídas y muy
parecido al bóxer que a menudo se presenta
también con pelo rayado".
Es manifiesta, pues, la influencia de razas ibéricas en el
origen de nuestros presas actuales, aunque la medida en que han
intervenido sea muy difícil de saber.
Más tarde, ya en los siglos XVII y XVIII, con el
asentamiento en Canarias de comerciantes y mercaderes
británicos, llegarían de un país donde
existía gran afición a este deporte. Se tienen
noticias de cruces con Bulldog y ya en nuestro siglo con Bullterrier,
no obstante son testimonios orales y no mencionan para nada los
Mastiffs y Bullmastiffs, razas típicamente
británicas.

El
color bardino y blanco fue y es típico del presa canario. En
la foto "Marruecos", perro de pelea de la década de los
cíncuenta.
Lo que sí es cierto es que, tradicionalmente, los buques del
imperio se hacían vigilar por los Bulldogs antiguos, los
cuales eran muy comunes en los mercantes, como salvaguarda de la carga.
Sin embargo el Bulldog de aquellos tiempos era muy diferente al actual,
gozaba de una gran fama como guardián, era mucho
más fiero, poderoso, y de mayor alzada, e incluso cercano a
la mordida en pinza y mucho más ligero de movimiento. El
auge de nuestros puertos francos contribuyó al desarrollo
mercantil y la arribada de navíos de bandera inglesa era muy
frecuente. Por lo tanto resulta cierta la influencia de tales perros en
la raza de presa ya existente en las islas.
Alguna teoría habla del perro majorero (cuya
circunscripción se ciñe a la isla de
Fuerteventura) como generador de la raza de presa. Pero el majorero
pertenece a otro tronco canino relacionado con los perros de pastor y
guardería diferente morfológicamente al tronco de
los molosos de presa en el que se encuadra el presa canario. Otra cosa
bien distinta es que durante la época de las peleas se
cruzase algún ejemplar de esta raza para obtener alguna
cualidad, como puede ser su agilidad y temperamento.
Sin embargo en Gran Canaria sí se menciona al "perro de la
tierra" cuyas características difieren de lo que se entiende
por perro majorero, y que el campesino describe como un animal
más robusto, muy dúctil para la guarda y el
manejo de las reses, siendo un perro muy territorial y pendenciero.
Todavía hoy en nuestros campos se encuentra algún
ejemplar de este tipo, aunque ya muy mestizado, pero conservando rasgos
diferenciadores del típico majorero. Es de resaltar, en el
perro de la tierra, su tendencia a la acometida con las reses, lo cual
le hizo muy apreciado entre los ganaderos, detalle este que recuerda a
su antecesor el presa español, utilizado para la
sujección de toros. La intervención de este perro
en la formación del presa canario es evidente y casi con
toda seguridad es el eslabón perdido entre el actual presa y
los que se introdujeron tras la conquista de Canarias.
La función del can, aparte de la guarda de propiedades y del
cuidado del ganado, fue primordialmente la pelea. Y no sólo
se peleaban perros, la afición a las competiciones de este
tipo en Canarias constituían número obligado de
cualquier fiesta (algunos perduran en la actualidad) y se
extendía a la lucha de carneros y a la sangrienta
riña de gallos. Si al ánimo del campesino de
medirse con sus paisanos le añadimos la
predisposición de sus perros a la lucha, comprenderemos el
porqué de esta costumbre tan arraigada en el
isleño durante años.
Todos estos elementos fueron conformando, con el tiempo, un animal
esencialmente luchador, muy difundido por nuestros campos. La
selección del mismo se realizó en virtud de sus
dotes, tanto para la pelea como para la guarda y el pastoreo, pero
siempre prevaleció la primera sobre las demás.
Este hecho favorecido por la insularidad elaboró un perro de
pelea con diversas aptitudes de utilidad, de notable estructura
física y con unas características muy propias,
mientras en otras latitudes iban desapareciendo o
modificándose las razas que lo conformaron en un principio.
Durante mucho tiempo fue un perro muy popular entre campesinos,
ganaderos y guardianes. Era usual encontrarle como centinela en casas y
fincas, y contrariamente a lo que se ha dicho sobre la
afición a las apuestas en las peleas, hay que aclarar que
los combates eran, en la mayoría de los casos, improvisados
y muy raramente se cruzaba alguna apuesta.
Si bien no existió como raza, sí hubo un tipo muy
similar y bien distribuido por la isla. Donde mejor se fijaron sus
características fue, precisamente, en los pueblos del
interior, donde por su aislamiento, recibieron un menor grado de cruces
con razas importadas, lo contrario sucedía en la zona
capitalina, enclave del Puerto de La Luz.
Ha sido, en efecto, en el campo donde con mayor definición
se ha conservado la tipicidad y rusticidad del perro. El aislamiento
permitió la conservación de líneas
poco elaboradas pero típicas y de gran
disposición al trabajo. Los perros que han llegado hasta
nuestros días, con esta procedencia, mantienen, pese a
cierto mestizaje, una gran predisposición para la guardia y
sobre todo, un fuerte temperamento para con otros perros.

Cuando
comenzó la recuperación de la raza, hace algunos
años, la población existente en Gran Canaria era
escasa, varios fueron los factores que contribuyeron a ello:
-El primero y más importante fue la prohibición
de las peleas caninas que, si bien eran ilegales, venían
celebrándose con cierta indiferencia por parte de las
autoridades. Un cambio en la actitud de éstas
llevó a la desaparición paulatina de perros y con
ellos gran parte de su afición.
-El segundo, la importación más o menos continua
de razas foráneas que, más especializadas y
evolucionadas, en algunas tareas, desplazaron al perro del
país.
-Un tercer factor lo constituyó la tendencia generalizada a
la adopción de machos con desecho de las hembras que, casi
siempre, se eliminaban a los pocos días de nacer. Puesto que
sólo los machos eran útiles para la lucha y
además no acarreaban los inconvenientes naturales de su
pareja.
A todo esto se unieron épocas de miseria y escasez de
alimentos así como el despoblamiento del campo y abandono de
tareas ganaderas, quedando relegada su función a la guarda
de fincas y haciendas, donde hubo de competir con razas especialistas
como el Pastor Alemán.
Hace una década, aproximadamente, cuando se planteaba el
camino a seguir para la recuperación racial, dos fueron las
tendencias que se siguieron:
-Una pretendía llegar a obtener el tipo perdido, mediante el
cruce de las razas que lo originaron.
-La otra línea de actuación se basaba en el
trabajo con los ejemplares ya existentes, eliminando, por medio de la
selección, el relativo mestizaje que poseían.
La primera versión permitía recrear el perro,
dotándole de mayor corpulencia, cabeza, talla, etc.
añadiendo a esto la intervención de razas menos
ortodoxas (Bullmastiff, Mastín Napolitano... ) sin embargo
se perdería la similitud con los tradicionales presas. El
tiempo ha demostrado la certeza de tal afirmación, puesto
que, aunque a nivel del archipiélago se dan las dos
tendencias, los productos de este tipo de cruces son cada
día más atípicos de lo que se criaba
en la isla hace treinta, cuarenta o cincuenta años. Las
razones que lo avalan son claras: la procedencia de razas ya
extinguidas o muy modificadas (lo cual las inutiliza para tal labor)
imposibilita emular el tipo mediante los pretendidos cruces.
Además, la población existente, en aquellos
momentos permitía, no sin esfuerzo, emprender la
recuperación conservando la tipicidad ya patente y mejorando
muchos de sus aspectos, merced a una adecuada selección.
Tras estos primeros años en que el presa canario ha sufrido
un auge mayor de lo deseable -surgen infinidad de criadores con
múltiples criterios- comienzan a aparecer los productos de
una u otra línea, confirmando lo anteriormente expuesto. Hay
una serie de animales, que si bien no tienen una homogeneidad perfecta,
sí dan muestra de una gran tipicidad y de un
carácter envidiable. Estos ejemplares no son otra cosa sino
el resultado de años de trabajo de selección y
reproducción en base a líneas de sangre de
notable antigüedad.
Lo negativo de ello es que la fácil venta de cachorros
cruzados a personas desconocedoras de la raza, unido a la falta de
conciencia de algunos criadores, hagan más lenta la
consecución de un tipo homogéneo, labor
encomiable, y lo bastante complicada ya de por sí como para
dificultarla aún más.

Descripción
general
A grandes rasgos podemos decir que el presa canario es un perro de
media alzada y de notable longitud (más largo que alto) de
cuerpo compacto y fornido, poderoso tren delantero que se estrecha
hacia la grupa, vientre recogido, pecho ancho y profundo y costillar
cilíndrico. Posee perfectos aplomos tanto delanteros como
traseros siendo más alto a la grupa que a la cruz. La cabeza
es ancha y cuadrada, de poderosos maxilares, orejas caídas y
ojos oscuros, su hocico de tamaño medio, labios colgantes
ligeramente y perfectas presas con comisura marcada.
Sin embargo, hay determinados aspectos que hacen singular el perro que
siempre se ha criado en Gran Canaria, y que merecen especial
atención.
El
carácter: los perros que se crían en
esta isla son, por encima de todo, perros con mucho temperamento. Es
ésta condición indispensable para que un ejemplar
sea usado en la reproducción: que posea mucho
carácter. Son desechados, por contra, todos aquellos perros
que no cumplen esta condición y generalmente la timidez hace
que un perro sea considerado altamente defectuoso. Posiblemente sea
éste el condicionante que más exige, no solo el
criador sino cualquier aficionado -son tenidos por perros de mucho
genio- y quizá sea la virtud que mejor se ha conservado en
los presas actuales. No debe olvidarse que la función de
pelea ha marcado decisivamente a estos perros, haciéndolos
apropiados para la guarda y por supuesto para la lucha. Hoy se busca un
perro serio y noble, pero arrogante y muy seguro de sí
mismo. En muchos de los casos se trabaja con perros muy agresivos y de
tendencia enormemente pendenciera con otros perros.

La cabeza:
otro rasgo muy definidor que resulta importantísimo en
cualquier perro de presa es su cabeza. De forma cuadrada y de gran
volumen, está dotada de poderosos maxilares, de ojos oscuros
y ligeramente ovalados con orejas de tipo medio e inserción
alta. El hocico medio pero no corto, puesto que de su longitud
dependerá su facilidad para apresar, éste ha de
ser ancho y de labios sólo ligeramente colgantes (el exceso
de labios constituía un defecto a la hora de la lucha,
puesto que el propio perro se los mordía), la comisura
labial le permite la respiración durante la presa. La
dentición debe ser perfectamente encajada, con mordida en
pinza o en tijera, bajo ningún concepto se admite el
prognatismo, lo cual se considera defecto rechazable, debiendo,
además, poseer fuertes caninos, grandes y bien encajados. La
trufa debe ser negra y no achatada ni roma, y el stop marcado pero no
en exceso. La frente es plana y forma hendidura o canal frontal marcado.
La estructura:
a simple vista, destaca del presa de Gran Canaria su poderosa
estructura ósea. De pecho ancho y profundo, hasta llegar a
los codos o más abajo. Estos deben ser paralelos al tronco y
ligeramente separados de él, posee fuertes aplomos de huesos
anchos y firmes, de manos gruesas y dedos apretados sin sobresalir,
carece de espolones. A su notable longitud, se une un ligero
ensillamiento que, junto a su grupa alta y musculada, más
estrecha que el poderoso tren delantero, otorgan al perro un aspecto
atlético, de gran poder y enorme estabilidad. La firmeza y
robustez del presa es un detalle que se aprecia a primera vista. Los
perros de patas delgadas, codos entrantes, cortos de tronco o demasiado
ligeros no son deseados por los criadores isleños.
El manto:
nunca hubo una determinación clara hacia uno u otro color,
salvo las preferencias particulares de cada criador o aficionado. Al
predominar el carácter, la estructura y la utilidad antes
que cualquier otro aspecto del can, nunca fue un factor a tener en
cuenta puesto que lo que se pretendía era un perro poderoso
y sin rival para el combate. En base a esto, hoy como antes, podemos
encontrar en Gran Canaria perros de distinta coloración sin
que ello suponga menoscabo de su calidad como perro de presa. Estos
colores van desde el negro azabache al leonado claro. Se admiten todos
los atigrados o bardinos, desde la tonalidad más clara a la
más oscura. En los leonados también toda su gama.
Detalle de estos perros, muy característico por cierto, es
la pigmentación blanca. En la antiguedad existían
perros casi completamente blancos y aunque hoy no se dan tan
ampliamente, sí es típico encontrar este color en
el pecho, cuello, cabeza, vientre, patas y extremo de la cola. Es de
resaltar la indiferencia que siempre ha existido en Gran Canaria hacia
la coloración del perro puesto que sólo primaba
su calidad como luchador ante cualquier otra circunstancia.

Actualidad
de la raza
A nivel del
archipiélago, existen hoy dos tendencias muy definidas y, en
varios factores, opuestas. Por un lado, en Gran Canaria, se trabaja con
perros de mucho temperamento y de gran predisposición, tanto
a la pelea como a la guarda, admitiéndose las coloraciones
bardinas, leonadas y negras, todas ellas impregnadas en blanco.
Además de la combatividad, se creían presas de
perfecta mordida en pinza o tenaza, desechándose
literalmente aquellos ejemplares que presentan dificultades en la
dentadura cual es el protagonismo, puesto que altera considerablemente
la funcionalidad del perro.
Otro aspecto es el manto de color negro, que en Tenerife no se
encuentra con tanta facilidad, y sin embargo en Gran Canaria se
conserva con ejemplares muy representativos que demuestran su
procedencia de antiguos presas canarios de su misma
coloración.
En Tenerife, sin embargo, la funcionalidad del perro, como luchador y
guardián, no se tiene tan en cuenta como su posible belleza.
Se crían, en general, perros de poco temperamento y se busca
un tipo más de exposición que de utilidad, para
lo que se han añadido razas tan diversas como el Bulldog,
Bullmastiff y Mastiff ingleses y el Dogo de Burdeos francés.
Allí se admite el prognatismo, elemento incorporado por las
razas mencionadas, y se buscan ejemplares de hocico corto, con lo que
se perjudica la mordida del can. También se prefieren los
mantos atigrados y leonados sin atisbo de pigmentación
blanca.
Tenemos, pues, dos tendencias que habrán de definir, en base
a su autenticidad histórica y racional, el futuro perro de
presa canario. Una responsabilidad que recae directamente en los clubes
de raza representativos y en todos los canarios amantes de esta raza
que han contribuido y contribuyen a la conservación y
recuperación de la misma.

Clemente Reyes Santana
Articulo
publicado en la Revista Aguayro, September-October 1988
Bibliografia
A. Millares Torres, "Historia de las islas Canarias",
Ed. Edirca
Victor Grau Bassas,"Usos y costumbres de la
poblaciòn campesina de Gran Canaria", Ed. El
Museo Canario
George Glass,"Descripciòn de las
islas Canarias", Ed. El Museo Canario
F.E. Zeuner,"Some domesticated animals from
the prehistoric site of Guayadeque, Gran Canaria", Ed. El
Museo Canario
Josè Manuel
Sanz Timon,"Primer Symposium Nacional de
Razas Caninas Españolas" (los molosos de presa
españoles), Ed. Universidad de Còrdoba
"Fontes rerum canarium",
Acuerdos del Cabildo de Tenerife, Ed. Instituto de Estudios Canarios
"Fontes rerum canarium",
Acuerdos del Cabildo de Fuerteventura, Ed. Instituto de Estudios
Canarios
Clifford L.B. Hubbard,"The ovserver's book of dogs",
Ed. Frederick Warne & Co. Ltd.
A. Romero,"Natura y cultura de las islas
Canarias"
Manuel Curtò
Gracia, El mundo del perro"
(Un producto de las peleas: el perro de presa canario), Ed. Mae S.L.
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